Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington
El estallido cultural
El palacio de cartón
Tres poemas sin titulo ni autor
El terapeuta en los tiempos de cólera
Sólo para locos
El silencio de Dios
Albert Camus
Depende
Incomunicadores
La intelingencia de las manos
Haikus arbitrarios
Aquello que no
Las otras miserias
La estrategia del tiempo
No tan santa
Cerebroless
Un arco iris nada especial
Haiku/s arbitrarios
Micro-Circo
Herido
Adviento
S/T
El Pudor
Freak Piercing
Final García
Hora de juego
Mírame mucho
La rigurosa asimetría de lo bello
Imágenes paganas
Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington

Dios te bendiga, príncipe de las mareas de la memoria. Serás -al menos para mí- inmortal después de muerto. Una leyenda. El relator que desdice la historia oficial.

La patria primera sea contigo. Y con su espíritu, su goce y su quebranto.

A quién se le ocurre -hermanito- husmear allí donde el dolor y el ansia no caducan, y el tiempo es una trampa tendida por un Dios que ha dejado de existir.
Todo niño es un creyente que comete el más moral de los pecados: desatender la muerte.

En los jardines de Kensington (que no conocemos) me encuentro jugando sólo para escapar de la infancia.

Tu libro publicó mis tristezas. Se animó a recordarme que siempre volverán para impedir su olvido.

Y, es cierto, una sola cosa está clara: hemos fracasado bellamente. Nadie puede regresar, no importa cuanto lo hayan amado.

Ni Borges pop ni Peter Proust.

Conmovedor Fresán.


Guillermo Bogani
Publicado en leedor.com